RECORDANDO A MAQUI:
Hace un año nos encontramos una mañana con el portón exterior
a la casa mal cerrado. En el jardín corrían Tepa y Canela. Maqui no
estaba. Quizás, aprovechando el error de no haber cerrado bien el
portón, había salido-como más de alguna vez lo hizo- de parranda.
Nos llamó la atención sin embargo, que a diferencia de otras
ocasiones, no estuviera a lo menos esperando en la calle una
oportunidad para que se le franqueara el acceso. Bueno, ya
vendrá, nos respondimos para aquietar nuestra preocupación
Lamentablemente no volvió ese día, ni el siguiente. No volvió más.
Desapareció.
A diferencia de tantos perros que han pasado por nuestra casa y
que el destino y la acción de seres desalmados llevará a que
murieran envenenados; para luego con mucha tristeza despedirlos
y sepultarlos, en el caso de Maqui no pudimos tener siquiera ese
consuelo.

